giovedì 11 dicembre 2008

gilipolleces que escribo viajando

y la verdad es que al llegar a ciampino siempre tengo la misma sensación de estar ya en galicia, porque empiezas a escuchar a la gente que va hasta compostela exactamente igual que tú, con ese acento tan guay, y de repente empiezas tú también a hablar italiano con un tono con el que nadie diría que naciste en el hospital doce de octubre de madrid, y que viviste en la capital del Hestado Hespañol durante catorce años siete meses, tres días y once horas. y me parece curioso acordarme del día exacto y de la hora exacta en la que me marché de madrid alcorcón para siempre, a lo mejor no es tan curioso, no sé. lo que sí que es simpático es acabar de darme cuenta de que fue el mismo día, ocho años después, el día que me fuí a vivir a italia por un año.

cosas que pasan, y qué.

ps- llevo años creyendo no sé por qué que en todos los aeropuertos del mundo había wifi gratis. acabo de descubrir que es mentira. y la verdad es que no sé cómo podía pensar una gilipollez tan grande, cuando el hecho de tener datos volando como locos probablemente violaría todo tipo de reglas sobre seguridad aérea.

en cualquier caso, aún llueve y no me gusta nada volar cuando llueve. antes me encantaba esa sensación de pillar turbulencias en el avión y que parezca que estás en una carretera mal asfaltada. últimamente soy más consciente de que no estoy sobre una carretera mal asfaltada, sino suspendida en el aire a unos cuantos metros de altura. unos cuantitos.


extraño presagio: debería haberme peusto los pantalones rojos. creo que los pantalones rojos cumplen una función análoga a la falda verde de berta, que la verdad, no sé si se ha vuelto a poner.

hace tiempo que yo no me pongo los pantalones rojos. no sé si es porque no me quedan como en julio, o porque yo creo que no me quedan como en junio pero en fin. llevo puesta la chupa militar que andrés se dejó en mi casa y me estoy planteando robársela seriamente.


en media hora embarco. bien.